Pon Voz a Tu Corazón: Textos únicos y personalizados que conectan profundamente
Un año después de la ruptura el narcisista vuelve con el único objetivo de volver a engañar y controlar. La disculpas son solo un medio para ese fin. No saben lo que es amar y mentirán una y otra vez para recargar su enfermo ser con la energía de sus víctima. En este caso no pudo conseguirlo.
30-Abril-2024
Hace un año, exactamente un año, me moría en un rincón de una casa extraña, donde la persona que decía amarme ni me miraba, ni preguntaba cómo me sentía, ni una palabra de aliento. Yo estaba perdida y sola, una soledad llena de lágrimas y preguntas, muchas preguntas sin respuesta, silenciada hasta ahogarme, sin una muestra de cariño.
Mi único delito: amar a alguien hasta seguirle hasta allí, al lugar donde me mostraría que no era nadie y debía conformarme con las migajas que había decidido darme. Tarde me di cuenta de que aquello no era de dos, nunca importó qué sentía yo, qué necesitaba. Las decisiones solo eran tuyas. Aquel día me callaste, y así ha sido hasta hoy: un año completo, con sus días y sus noches, sus estaciones. Porque tras aquel esperpéntico puente llegó la estocada final. Para que no hablase más, me infligiste una ley del silencio vigente hasta hoy. Un año.
Un año ha costado tener un diagnóstico en la mano, una etiqueta que diga lo que mi mente ha sufrido todo este tiempo: TEPT. Ahora puedo descansar, ahora hay un reconocimiento. Ahora, por fin, podré gritar a los cuatro vientos el sufrimiento gratuito al que fui sometida, sin causa, solo por mi deseo de amarte a ti y a tu progenie.
Ahora llegas, después de callarme decenas de veces, y dices que quieres hablar… de ti. Sigues siendo tú, solo tú, expresando “quiero, quiero, quiero” y, en esos, “te quiero a ti”, como si yo fuese un souvenir, un trofeo. Quieres hablar porque un día el aullido de mis entrañas dejó salir parte de mi dolor en papel y tinta, sin otro ánimo que aliviar mi marchita garganta, acallada durante tanto tiempo. Solo eso, porque nunca quise otra cosa que expresarme.
Y ahora dices que me quieres. Eso no suena a amor, suena a que yo he decidido que estés, suena a control, suena a poder. “Esto es lo que yo quiero”: a eso suena. Aún no preguntaste cómo estoy, qué me pasó, cómo me sentí entonces, cuál ha sido mi dolor, cómo —a sabiendas de lo mucho que te amaba— siento lo que siento.
¿Te has preguntado alguna vez el nivel de dolor que sufrí? ¿Las consecuencias de ello? TEPT repiquetea en mi cabeza. Nadie debería ser maltratada de esa forma, menos por quien dice amarte, menos en un lugar extraño rodeada de personas extrañas. Y la única persona que había de cuidarme fue la más cruel de todas.
Ahora que por fin respiro, vienes y me exiges. Tú quieres saber, quieres hablar. Casi no me quedan palabras ni lágrimas. El cansancio ha hecho mella en mí después de este año tan largo. Podría atacarte, pero no quiero. Tengo en mis manos el arma, un arma afilada: la información que cuenta tu historia, la de tu infancia. No voy a atacarte con ello, no podría; no, no podría dormir en paz sabiendo que te hubiese dañado. Sin embargo, muchas noches me pregunté cómo podías descansar y tener la conciencia tranquila después de aquel episodio de maltrato. No, yo no haría lo mismo. No lo haré.
Puedo entender tu dolor, el del niño que fuiste. Entender, sí; justificar, no. Ya pasamos los cincuenta, es hora de hacerse cargo de ello para evitar que otro u otras como yo puedan sufrir las consecuencias.
Solo quiero paz, recuperar mi salud, mi yo perdido, ese al que pisoteaste y que está tan escondido que ahora me impide confiar en nadie. ¡Yo, que confiaba a manos llenas! He perdido mucho: tiempo, dinero y mucha vida.
Solo quiero recuperar mi vida y olvidar que un día exististe, porque tus recuerdos reabren la herida aún tierna. No me exijas ahora, porque no creo que seas capaz de escucharme. Así pues, no puedes pedir con esa exigencia. No fuiste la víctima, sino el verdugo. No me cambies el papel, aunque hago por salir de ello cada día, cada minuto y segundo. Lo lograré, aunque tú me lo quieras poner difícil, sé que voy a lograrlo. Y quedará mi voz callada esperando un “lo siento” que salga de tu boca… que nunca llegó.
🌸 ¿Alguna vez te han mentido y manipulado hasta enfermar? Yo puedo poner en palabras qué sientes. Escríbeme y juntos le daremos voz a lo que sientes.
El texto ha sido grabado en tres bloques. Puedes escuchar la primera grabación aquí.