Pon Voz a Tu Corazón: Textos únicos y personalizados que conectan profundamente

Una carta a mi madre después de su diagnóstico de cáncer llena de amor y de reconocimiento. Un texto que nace en un momento en el que también creo un curso para trabajar la relación con la madre y el padre para aquellos que necesitan reconciliarse con ellos y su pasado. Yo lo había logrado y esos meses a su lado fueron un regalo.

28-Septiembre-2016

Carta a mi madre – Diagnóstico Cáncer (año 2016) – muere en 2018

Carta a mi Madre

Es el día 10 de marzo, noche aniversario de mi nacimiento y, casualmente, duermo con mi madre esa misma noche, después de muchos años celebrando con mi hijo, es con ella, quien me trajo a este mundo, con quien estoy celebrando este día. Mientras cenamos recordamos los avatares de mi nacimiento en la calle, sus emociones y sentimientos, repitiendo aquello que ya me había dicho alguna vez al preparar mi árbol genealógico: una vez se me murió un hijo en brazos, pero me dije que dos veces no me iba a pasar. Por esa razón corrió conmigo en brazos, subiendo aquellos cinco pisos más rápido que mi padre.

Esa noche lo comentamos, se emociona porque esté durmiendo ahí. La situación es dada porque al día siguiente tiene médico temprano y preferí dormir con ella, me pareció un cambio apetecible y que le podría gustar. Entonces no me di cuenta de nada más. Solo al echarme en la cama a su lado, un presentimiento, una sensación, una ¿intuición? Sentí que ella no estaría mi próximo cumpleaños.

¿Cómo? ¿Por qué? ¿Había algún indicio? ¡Ninguno! Tal como lo sentí, tal cual dejé ir el pensamiento, consciente de la importancia de dar voz y fuerza a tales ideas mentalmente.

Esto sería puramente anecdótico si no fuese porque todo este año ha ido salpicándose de pequeñas cosas que nos han llevado de médico en médico, que poco a poco ha dejado entrever la profunda tristeza que mi madre siente, acercando más y más ese pensamiento.

Casualmente he pasado muchas noches en tu casa desde entonces, durmiendo contigo, para ir temprano al médico. Casualmente también, sentiste aquel bulto en el pecho. Suerte que estaba de vacaciones para poder acompañarte.

Poco a poco fuiste soltando información, la tremenda tristeza que te acompaña y que ya intuimos nada más saber cómo estaban tus pulmones. Apego a la vida, eso es lo que parece que te falte, algo que no puede darte nadie porque nace de dentro.

Y ahora, el diagnóstico de cáncer, como si no me pillara de sorpresa porque he tenido esa sensación desde entonces, desde hace meses. Bien, esta es la situación y aquí estamos. Se, al menos así lo vivo y siento, que es más peligroso tu estado emocional que el físico, porque es ese que te ha inundado durante años hasta anegarte ahora por completo.

Créeme mamá, te entiendo, porque tanto mamé de ti esa forma de vida que cuando era una cría estaba resentida ya con la vida. Mi tremenda sensibilidad, imagino, te recordaba a la tuya y no dudaste en quererme tanto, como para hacer de mi alguien fuerte, aunque fuese a las malas. Igual que con mi hermana, aunque yo tenía otra pasta. Era un calco tuyo, lo fui en emociones y sentimientos por largo tiempo. Si bien sigo pareciéndome mucho a ti en lo físico, afortunadamente rompí las cadenas que me unían a esa falta de disfrute y amargor que anidó siempre en ti.

Las vivencias duras y traumáticas de tu pasado han estado estos meses cada vez más cerca de la superficie, como si desde la profundidad de tu alma donde estaban aparcadas se fuesen haciendo, nuevamente, parte de tu vida. Las recordabas más, de una forma vivencial, como si el pasado, ahora, se uniese al presente. A veces me he preguntado dónde está la madre fuerte y resolutiva que fuiste, eres, aunque parezcas tan indecisa otras veces.

No pudiste desgranar ese pasado para darle su lugar, porque no supiste. ¡Cuánto tiempo me costó entender aquello! Hace tiempo aprendí que “ver” desde la conciencia y modificar nuestras vidas requiere de algo más, para mí fue un impulso nacido desde mis entrañas de querer ser feliz porque no lo era. Por el contrario, nunca he podido constatar, todavía, si consideras que tu vida fue feliz.

Mamá, en esa inconsciencia que regía la huída de tu niña herida, tuviste una visión, elegiste a papá, quien presupongo proporcionó el equilibrio que necesitabas en muchos aspectos. Reconozco que, una vez superados mis propios conflictos internos, supe ver que fuisteis unos padres estupendos, preocupados por nosotros por encima de cualquier otra cosa en la vida.

¿Ahora qué? ¿Dónde te vas a colocar? Entiendo a esa niña porque yo también lo fui, aunque suena a eufemismo. Nada puede comparar el sentirme poco querida o valorada por ti con tu periplo infantil. No puedo comparar los hechos porque son incomparables, aunque sí puedo entender las sensaciones que, además de vividas, se trasladaron a mí con tu ADN, con nuestro parecido.

Sé, porque así lo sentí entonces, qué significaba estar sola dentro, aunque estuvieses rodeada de gente, querer disfrutar porque es lo que toca y corresponde, porque cualquiera en su sano juicio lo pasaría bien en esas circunstancias y tener dentro una sensación de incomprensión. Un montón de pensamientos negativos, un montón de auto-juicios y mucha, muchísima falta de agradecimiento. Demasiados miedos contenidos en esa rabia.

Así que sí, entiendo una parte y, sin querer, todavía quiero conseguir que cambies. Ahora solo puedo esperar que quieras cambiar tú. Yo, afortunadamente, lo hice, lo hice joven. Eso me ha proporcionado una vida mucho más placentera, llena de piedras en el camino, algunas que ha costado algo más retirar, o bien, he dejado que me acompañen un trecho. Aceptando que tú, no habías sido capaz de ver lo que vi, un mundo fuera de ese hastío interior, una vida llena de personas fantásticas, otras me hicieron daño sin querer, algunas queriendo y algunas más de las que es mejor alejarse mucho y rápido. Aprendí a mostrarme, a sacar mi vulnerabilidad. Entonces fue cuando me hice realmente fuerte mamá. Porque la fuerza nació de dentro y no como un muro fuera, ese muro que tuve durante años y que tú aún mantienes inquebrantable, el muro que no deja salir a tu niña, solo su enfado. La quiero a ella, que te hable y te diga que hay mucho por lo que luchar, solo si tú quieres.

No necesito que luches, aunque me gustaría que lo hicieses. No por mí, ni por mis hermanos, tus hijos, ni siquiera por tus nietos. Hazlo por ti, porque puedes, aún, disfrutar de otras mieles distintas de la vida. En cualquier caso, eres tú quien elige. Solo quiero que sepas una cosa: si decides luchar, yo lucharé a tu lado.

 

🌸¿Quieres expresar emociones y no encuentras las palabras?  Yo pongo palabras por ti. Escríbeme y juntos le daremos voz a lo que sientes.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *