Pon Voz a Tu Corazón: Textos únicos y personalizados que conectan profundamente
Hoy 25N, Día internacional para erradicar la violencia contra las mujeres, no quiero quedarme callada. Dar visibilidad al maltrato de todo tipo es importante. Mi alegato hoy es por el maltrato más difícil de detectar, el psicológico, especialmente con los narcisistas encubiertos cuyo poder ejercen de forma principal con la mentira y la manipulación. Habla, grita si es necesario y Pon voz al maltrato.
25-Noviembre-2024
Pon voz al maltrato.
El problema real del maltrato no es solo que exista. Es, de momento, imposible que no existan personas que maltraten a otras de muy diversas formas y niveles. El problema importante es la invisibilidad del mismo. Ahí está el poder de quien ejerce cualquier tipo de violencia, que los demás lo silencien. Un poder ejercido por el género masculino mayoritariamente bajo el contexto social que todavía vivimos.
A esto puedes añadir la normalización de cualquier tipo de maltrato, la violencia, el desprecio, la mentira y la manipulación. ¿Cuántas veces has oído a alguien contar un hecho más o menos traumático y la respuesta mayoritaria es que eso es lo normal? Que un comportamiento sea habitual no lo convierte en normal, ni mucho menos en saludable, tanto como que una mentira por mucho que se repita no se convierte en verdad, aunque hay quien lo intente.
La sensación de soledad cuando se expresan estos sucesos, la presión por callar, la mirada incrédula es algo que sucede continuamente, lo sé porque lo he vivido. A muchas personas no les gusta escuchar ni ver sobre esto, es una forma de esconderse tras algo así como: si no se ve, no existe. Sin embargo, cada vez hablamos más, gritamos más, cansadas de callar.
La escala de maltrato es amplia. Hace ya varios años escribí sobre la diferencia entre tratar mal y maltratar. Decía, entonces, que el veneno estaba en la dosis ya que todos teníamos la potestad para tratar mal, de hecho lo hacemos más a menudo de lo que nos gustaría admitir. Y la línea es sumamente delgada entre el hecho de tratar mal y maltratar. Según la encuesta que entonces llevé a cabo, la mayoría estábamos de acuerdo que la extensión en tiempo de esa actitud, así como, la conciencia plena sobre el daño infringido eran claves para convertir un hecho puntual en un maltrato habitual.
El maltrato forma parte de nuestra vida de una forma tan cotidiana que asusta. La violencia está en tantos comportamientos naturalizados que no somos conscientes que vivimos en un continuo estado de aceptación de esos maltratos.
El maltrato no solo son golpes, ni siquiera insultos o vejaciones. Al menos, estos son ya hechos reprobables a nivel social. Aunque aún queda mucho por hacer, estamos en el camino. Sin embargo, existen maltratos que no se ven, mucho más difíciles de demostrar, no hay golpes físicos, si provocan enfermedades psicológicas y mentales fruto de su repetición constante.
Es maltratar usar la mentira y la manipulación para controlar el comportamiento ajeno, convirtiendo al otro en un objeto en lugar de sujeto. Es, en ocasiones, tan sutil que bajo el prisma de un “te quiero” o un “dejame ayudarte” se esconde el más habitual de los maltratos, en los que se está invalidando el dolor o la queja de otra persona, en la que se aniquila la autoestima y se destruye al otro.
El narcisismo que nuestra sociedad ha fomentado es ostentado mayoritariamente por hombres, porque si bien existen mujeres narcisistas es a ellos a quienes la sociedad ha encumbrado y dado el poder para ejercerlo con mayor intensidad. Ese control que desde hace muchísimo tiempo se ejerce por el género masculino en detrimento del femenino. ¿Por qué? Porque pueden, por la connivencia de la sociedad, porque ha sido así tanto tiempo, porque lo hemos mamado y porque quien tiene el poder no desea soltarlo.
Lo cierto es que esa forma de comportarse está tan interiorizada en todos que aceptamos muchos de esos mandatos sin darnos cuenta de su significado real, mucho menos de la repercusión a futuro. La violencia está en nuestro día a día, en la forma que hablamos, actuamos y nos relacionamos. Una violencia que empieza con el control para escalar a lo más perverso.
Somos tan inconscientes que ni siquiera las estructuras políticas son capaces de darse cuenta que tanto dolor genera un coste no solo personal, ese obvio, sino un coste social. ¿Cuánto cuesta al estado tanta enfermedad generada por una forma de actuar maltratadora y machista?
¿Cómo evitar esta escalada? ¿Cómo evitar esos comportamientos? No existe una respuesta fácil, sería muy ilusa si pensase que basta con querer. Necesitamos empezar desde abajo, el cambio solo viene cuando somos conscientes sobre qué sucede, esto solo puede venir de visibilizar todas esas situaciones. Especialmente tenemos una responsabilidad en la educación, en trabajar en el origen de estos comportamientos, en entender que los hijos viven a la luz o la oscuridad de sus padres, abuelos y clanes. Todos necesitamos tener conciencia que esa violencia existe, es estructural, de otra etapa y estamos en un momento de evolución. De poner voz al maltrato en cada ocasión, cada día, hasta que nos duelan los oídos y decidamos que ya no más.
Mi vivencia es de mucho menor peso que tantas situaciones que he podido leer o escuchar, sinceramente me quito el sombrero ante esas mujeres que cada día cuentan las agresiones de las que han sido objeto. Sin embargo, quiero dar visibilidad a algo mucho más sutil, Una perversión que apenas cruza la línea entre tratar mal y maltratar y que, sin embargo, es la semilla para que esa violencia crezca si no se la contiene antes.
La manipulación también es maltrato y esa es tan habitual, tan cotidiana, tan “normal” para muchos que se sigue pensando que no lo es, que se exagera, que no es para tanto. Falta conciencia para entender que la manipulación continua, reiterada y, especialmente, maquillada con grandes dosis de mentiras mentalmente orquestadas puede llevar a vivir en un estado ambivalente, donde no sabes que estás controlada aunque lo estés, donde alguien decidió que tú eres su juguete y puede utilizarte para sus objetivos sin ningún tipo de empatía y preocupación por tus sentimientos.
Por eso desde aquí mi grito es pon voz al maltrato, a todos y cada uno de los sucesos de maltrato que vivimos, sean de mayor o menor calado, visibles o invisibles, físicos o psicológicos, emocionales, pon voz a las secuelas que necesitan años de terapia tras esas vivencias, pon voz para que se sepa, para que dejen de vivir impunes ante sus actos.
🌸¿Tienes una historia de maltrato psicológico que contar? Escríbeme y crearemos juntos un texto para poner en palabras todo lo que has vivido.
Puedes también escribir aquí en comentarios para que entre todas pongamos voz a esas historias.